| ¿El beisbol hará el milagro? |
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| Escrito por Luis Soria Castillo |
| Viernes, 18 de Noviembre de 2011 09:15 |
La vida transcurría normalmente en la familia Cuevas Bazán hasta el fatídico día 24 de enero de 1986, fecha imborrable en la que la señora Francisca Bazán de Cuevas detectó unos extraños moretones en las piernas de su hijo, Andrés Felipe Cuevas Bazán, uno de los gemelos que les nacieron precisamente el 5 de Febrero de 1974. Al ver a su hijo en tan lamentable estado de salud de inmediato pensó en llevarlo al Seguro Social, ya que su esposo, aunque trabajador eventual en la Comisión Federal de Electricidad, gozaba de ese servicio, para él y su familia.
Nos cuenta la afligida señora, que ese día al pretender alcanzar el transporte urbano tuvieron que correr un poco y que por el esfuerzo, su hijo apenas llegó al camión se desmayó. Una señora comprensiva, que atenta observaba la escena, al ver la difícil situación por la que atravesaba la madre y su hijo, diligentemente le cedió el asiento para que el niño se repusiera en el trayecto. Mientras esto acontecía, la madre casi fuera de sí, por la intensa preocupación se preguntaba ¿Qué le pasará a mi niño? ¿Será que tiene animales? ¿No será hepatitis?. Una y mil interrogantes se agolpaban en su atormentada mente. Una vez ya en el hospital, la recepcionista les dio cita para un mes después, sin embargo, al día siguiente, por lo agudo de la enfermedad y ante la insistencia de los afligidos padres, los médicos accedieron a auscultarlo, lamentando de inmediato el estado deprimente en que el niño se encontraba. Uno de ellos le pinchó la yema de un dedo de su mano, para extraerle una gota de sangre para analizarla pero sorpresivamente nada brotó del enjuto dedo. “Anemia aguda” dijeron los médicos y sin más preámbulos preguntaron al matrimonio Cuevas Bazán, ¿quién o quiénes de sus familiares murieron de Leucemia? Esa pregunta los dejó helados y cuando lograron reponerse de fuerte impresión, el señor Cuevas Bazán les hizo saber que uno de sus tíos había muerto de ese terrible mal. La señora, en cuyo rostro se reflejaba la angustia, se imaginó lo peor y uniendo sus manos a las de su esposo elevaron sus plegarias a Dios para que no fuera lo que ellos ya se suponían. Sin pérdida de tiempo, los médicos le extrajeron médula espinal del paciente, para confirmar sus sospechas y efectivamente el niño tenía leucemia. Toda la noche, los padres se la pasaron en vela y al día siguiente al entrar al pabellón en donde se encontraba su hijo, ansiosos buscaron el expediente clínico y esto fue lo que leyeron sus desorbitados ojos: “Leucemia Leucocítica”. La madre presintió que la muerte se encontraba al acecho de su pequeño hijo y sacando fuerzas de flaqueza, lo abrazó y lo besó con un amor enternecedor, como si fuera la última vez que lo haría; pero sin manifestarle el dolor que ya le laceraba las entrañas. El médico llamó a solas al padre del niño y le dijo “por la experiencia que tenemos en casos similares al de su hijo, me permito informarle que el niño no vivirá más allá de un mes, así que váyanse preparando“. Antes de comunicarle a su esposa la dolorosa noticia, trató de prepararla para que aceptara las cosas con entereza, por difíciles que se presentaran y cuando lo creyó prudente, le contó todo cuanto el médico le había dicho. Durante diez días continuos el niño materialmente estuvo entre la vida y la muerte, sufrió lo indecible; los médicos se veían impotentes para controlar la hemorragia nasal, pese a que le taponeaban las fosas nasales, la sangre era expulsada a raudales de tal manera que las transfusiones sanguíneas se sucedían una tras otra. Era tan doloroso para la madre ver los sufrimientos a que estaba expuesto su hijo, que postrada de hinojos le imploró a la Virgen de Juquila “Madre mía, si es tu voluntad llévatelo pero que ya no sufra más” Después de once días de dramáticos acontecimientos y por considerar que la vida de Andrés poco a poco se iba extinguiendo, a solicitud expresa de sus padres, el cuerpo médico accedió conceder el permiso para que el niño pasara su cumpleaños número doce al lado de su hermano gemelo y los demás miembros de su familia. El señor Roberto Rueda, protector de muchos beisbolistas en ciernes, al saber que Andrés Felipe pasaría su cumpleaños en el seno familiar, le preparó una fiesta infantil a la que invitó a todos los pequeños peloteros que militan en el equipo “Chapulines” de la Liga Infantil de Beisbol Monte Albán. Hubo de todo: pastel, gelatinas, refrescos; pero sobretodo un ambiente de verdadera camaradería que le sirvió a Andrés, como un tónico reconstituyente, de tal manera que al regresar al hospital ya era otro. Se dio cuenta de que sus compañeros se solidarizaron con él y le inyectaron el ánimo suficiente para que a partir de ese día esté dispuesto a vencer a la propia muerte. Quienes de alguna manera han participado en el drama de Andrés Felipe, están de acuerdo con nosotros de que el beisbol hace el milagro de sostenerlo en pie. Es evidente de que el deseo de jugar, se compara con el deseo de vivir. Recordemos lo que todos sabemos “El niño vive para jugar”, o si usted lo prefiere “El niño juega para vivir”. Ante estas inmutables premisas, tenemos que aceptar como verdadero el milagro que ahora relatamos. El tiempo pasó inexorable y al cabo de dos meses le aplicaron una nueva punsión ósea y al analizar el líquido cefalorraquídeo extraído, se dieron cuenta de que la enfermedad ya no se encontraba donde había sido localizada en un principio “se pasó al cerebro” dice doña Francisca que comentaron los médicos, de inmediato pensaron en trasladar al paciente a la ciudad de México, canalizándolo al Centro Médico, y al Hospital de la Raza, en donde fue atendido con los últimos adelantos de la ciencia, ya que esos nosocomios poseen el instrumental médico más avanzado. Al llegar al Centro Médico, uno de los doctores que atendería a Andrés Felipe, pregunto a sus padres “¿Saben ustedes realmente cuál es el padecimiento del niño? Contestaron afirmativamente. Bien, pues deben saber además que en casos como el de su hijo solo se salva el 10 por cieento, por lo que deberán firmar el permiso correspondiente, para que iniciemos el tratamiento, aceptando de antemano los riesgos que se pudieran presentar”. Los padres, considerando el valor que su hijo había demostrado en su ya prolongado calvario; con la esperanza puesta en Dios y el deseo de salvarlo, firmaron los documentos solicitados. El tratamiento básicamente consiste en darle radiaciones a la cabeza del paciente. Los padres también fueron advertidos de que el tratamiento era muy doloroso y que, además, ellos debían participar ayudando a sostener al niño. Antes de cada tratamiento el médico recurría a la Psicología Aplicada y le decía al niño “Tus amigos del equipo Chapulines te esperan en Oaxaca“ ¿Verdad que tú te quieres aliviar para regresar a jugar beisbol? Sí, contestaba Andrés. “Bueno, pues a portarse como un hombre”. La madre se sorprendía del estoicismo con que el niño aceptaba las curaciones, mordía gasas o pañuelos y sudaba a chorros; pero estaba dispuesto a recuperarse, pues en su mente infantil existía sólo una obsesión, la de regresar a su tierra natal y seguir participando como pitcher de los ahora flamantes subcampeones de la Liga Infantil de Beisbol Monte Albán. El primer contacto que tuvieron los gemelos Andrés y Gabriel con el beisbol fue fortuito. Nos cuenta Andrés que hace tres años, casualmente presenciaron los entrenamientos de los chiquitines de la Liga Infantil, en esa ocasión los entrenaba el Ingeniero Enrique García Salazar, colaborador del señor Rueda, quien los invitó a participar, pero ellos le contestaron que no les gustaba; sin embargo, les entró el gusanito, al día siguiente se presentaron, se animaron y participaron en el entrenamiento. El instructor se dio cuenta que uno de los gemelos, Andrés, tenía facultades para desempeñarse como pitcher y ese es su puesto titular en el equipo “Chapulines” del Sr. Rueda, ahora el manager del equipo “Chapulines” es el señor Ernesto Pérez Villafañe, quien “por el amor al arte” trata de enseñarles los secretos del complicado deporte del béisbol a los niños y jóvenes que militan en la Organización “Chapulines” que patrocina el señor Roberto Rueda Cortés. El equipo “Chapulines”, como lo saben los amantes del beisbol infantil, en la recientemente terminada temporada a punto estuvo de conseguir el gallardete y si no lo logró fue porque se enfrentó a un verdadero "trabuco, como lo es Gallos de Montajes" que dirige el pundonoroso ingeniero Salvador Luna Osorio. Cabe reseñar brevemente que hace apenas unos días, en un partido por la final, estando en el sexto inning con dos out, desfilaron cinco pítcheres chapulineros y no podían sacar el último out, de esa fatídica entrada. No le quedó otra al señor Pérez que echar mano de su pitcher consentido, que se veía un poco fatigado por el desempeño anterior y que sin embargo, al entrar al relevo, como arte de magia, al momento sacó el anhelado tercer out. Todos los presentes aplaudimos la actuación de Andrés que una vez más se sobrepuso a la adversidad. Después de ocho meses de haberse enfrentado a la muerte hoy vemos al pequeño Andrés participar con entusiasmo en los partidos de beisbol y no sólo eso, sino que en su casa, según nos cuenta doña Francisca, después de jugar con sus hermanos, antes de irse a la escuela se baña con agua fría y todas las actividades las desempeña normalmente. Su reto diario es el de vencer a la “calaca” que gracias al beisbol ya se acostumbró a ver de frente. Antes de concluir creemos pertinente regresar en el tiempo y decir que en los primeros días de aflicción de la familia Cuevas Bazán fueron auxiliados en forma solidaria por gente amable del beisbol como el señor Joel Lucas Herrera, oriundo de Ejutla de Crespo y ahora radicado en esta ciudad; por el señor Antonio Leyva actual presidente de la Liga Infantil de Beisbol Monte Albán; el señor Rueda y el señor Pérez, todos ellos donando sangre o buscando donadores. Así como una gentil señora que trabaja en la Comisión Federal de Electricidad. En el caso de Andrés Felipe, cabe destacar la brillante participación de un joven médico oaxaqueño, el Dr. Ramón Jiménez Caballero, cuya especialidad es la Oncología ya que según lo afirma la agradecida madre, su hijo vive gracias al celo profesional con el que fue atendido por él. El galeno referido actualmente presta sus servicios en el IMSS de Oaxaca. Muchos fueron los actores principales en esta especie de novela periodística, extraída de la vida real, que anticipamos nuestras disculpas por no haberlos mencionado por riguroso orden de aparición; pero todos deben saber que ahora y siempre la familia Cuevas Bazán les vivirá eternamente agradecida. (Artículo publicado en el diario El Imparcial "El mejor diario de Oaxaca", el mes de septiembre de 1986, tomado del número 97 de la revista Oaxaca Profundo) |
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