| Duelo ante la enfermedad en el niño |
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| Destacados del mes |
| Escrito por Dr. Juan Pablo REYES ORTIZ |
| Viernes, 18 de Noviembre de 2011 10:26 |
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El duelo no es un trastorno psiquiátrico, es un conjunto de representaciones mentales y conductas vinculadas con la pérdida afectiva. El impacto de un diagnóstico adverso es un hecho inherente a la condición humana, independiente de edad, credo, estatus socioeconómico, raza, el cual se inicia con el shock que provoca la noticia desfavorable, para el posterior tránsito por la negación, rabia, sentimientos de culpabilidad, resentimiento hacia otros, depresión, hasta llegar a la asimilación y la esperanza de encontrar un sentido y significado al hecho experimentado.
Evidentemente estos estados no planeados y sistemáticamente vedados del diálogo social, nos enfrentan al cuestionamiento del sentido de la experiencia humana por encima del nacer, crecer, reproducirse y morir. Somos seres de paradojas, “Vivimos como inmortales sabiendo que somos mortales”, y cuando nos hace frente un diagnóstico adverso, invariablemente recobramos el tránsito a un viaje olvidado, que nos recuerda nuestra inevitable fragilidad. Los avances científicos y biotecnológicos ofrecen continuamente nuevas soluciones, posibilidades que ambicionan lo milagroso para preservar la vida. Por otro lado, con cada una de las pérdidas que vamos experimentando, la desconfianza social crece hacia la dimensión y el sentido que deben tener cada uno de estos alcances. La superespecialización y la formalidad del análisis científico, indudablemente proporcionan un conocimiento minucioso y preciso, empero las condiciones institucionales, el profesionalismo mercantil desvirtualizado y el fundamentalismo médico tecnológico, ha perdido de vista la integridad de la persona, diluyendo el valor de la experiencia humana.
El origen de las enfermedades se ha cuestionado a lo largo de toda la historia, y por encima de las explicaciones fisiopatológicas, se ha propuesto que el cuerpo nunca está enfermo ni sano, ya que a través de él se manifiestan las informaciones de las diversas estructuras de consciencia: Mente, alma, espíritu, por mencionar las más recurridas. Lo cual nuevamente es replanteado al observar malformaciones congénitas en recién nacidos, cáncer en niños, parálisis cerebral infantil y una diversidad de manifestaciones incapacitantes, en muchas ocasiones incompatibles para la vida. Ésta es una experiencia dolorosa que sobrepasa nuestros esquemas clínicos, ambientalistas, metafísicos y religiosos. Los cuales buscan dar un razonamiento lógico al sufrimiento que experimentamos, muchas veces con el firme deseo de evitar mayores pérdidas relacionadas al evento original. En estos casos, la crisis ante la pérdida de la salud de un hijo y las expectativas de paternidad y maternidad, también nos representa las dos caras de la moneda, pérdidas y ganancias, la cual además de sufrimiento, ofrece en otro sentido, el replanteamiento de las preguntas fundamentales para el ser humano: ¿Por qué existo? ¿Hago realmente lo que deseo?, ¿Cómo puedo mejorar mi vida? ¿Qué significa ser padre? ¿Qué significa ser madre? En nuestra sociedad, el avasallamiento de los medios de información y comunicación, ofrecen al individuo la condición de espectador, sin embargo, la enfermedad en un hijo, es un parte-aguas en la experiencia individual y familiar, la cual da la posibilidad de utilizarla como coartada para rehuir a las responsabilidades previamente adquiridas, o en su defecto, se convierte en el motivo de fortalecimiento para el compromiso personal y del vínculo social. He aquí donde nuestra finitud da un sentido a la vida, del mismo modo que el dolor da un sentido al placer. El significado de esta experiencia se nos revela por la interpretación que le atribuimos. Cuando dejamos de hacerlo, corremos el riesgo de navegar en lo absurdo y en la incoherencia. La crisis que provoca la enfermedad, nos orilla a visualizarnos en el conflicto de la culpa, pero también ofrece la posibilidad de profundizar en las distintas oportunidades implícitas, como modelo de cambio ante las nuevas necesidades inesperadas e inexplicables. Ésta, nos permitirán dar respuesta a los cuestionamientos generados en la incertidumbre, para encontrar un nuevo sentido a nuestra vida. "Un hombre, entre más inmerso esté con la regularidad del orden natural de todos los eventos, más firme se vuelve su convicción de que no hay espacio para las causas de diferente naturaleza. Para él ni las reglas humanas ni las divinas existen como causa independiente a los eventos naturales." Albert Einstein (Artículo tomado del número 97 de la revista Oaxaca Profundo) |
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