Semana Santa, días de recogimiento y reflexión PDF Imprimir E-mail
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Escrito por Rubén VASCONCELOS BELTRÁN   
Viernes, 06 de Abril de 2012 16:21
Oaxaca de Juárez.-Aunque muchas cosas han cambiado en los últimos años por muy distintas razones como la movilidad y el incremento exponencial de la población, la llegada a los barrios de la ciudad de personas que no son nativas, el incremento y mejoramiento de las vías de comunicación, la muerte de los viejos que daban vida a las antiguas costumbres, la desaparición de los oficios y la aparición de nuevas formas de ocupación así como la emigración, el incremento de formas de distracción que han influido principalmente en los jóvenes.

En nuestro caso todavía existen por ahí algunos que desean preservar las antiguas prácticas y hacen esfuerzos inauditos por lograrlo y entre estos incluyo a sacerdotes que han logrado sumar buscando con gran entusiasmo la participación comunitaria con el fin de promover eventos que sustentan al catolicismo como es la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo.

La cuaresma se inició con el Miércoles de Ceniza, y a los templos concurrieron los fieles para ser marcados con la cruz y traer a la memoria aquella máxima: “Polvo eres y en polvo te convertirás”, independientemente de nuestra jerarquía social, política o financiera, sobre lo cual no se tiene ninguna posibilidad de decidir y que las riquezas materiales se quedan y el que no supo aprovecharlas para bien propio y de los demás perdió la gran oportunidad de enraizar en su tiempo y pervivir en el futuro.

Cada viernes de cuaresma, en algún lugar, se recuerda a Jesús con muestras de recogimiento, pues cada acto representa buenos augurios, como ha sucedido en San Pedro y San Pablo Teposcolula, Santo Domingo Yanhuitlán, Huajuapan de León y Tamazulapam en donde existen templos bonitos como el de San Francisco en el cual se venera al Señor de la Columna. El día de la celebración lo sacan de su templo y es conducido en andas por las calles de los seis barrios de la parroquia mostrándonos el fervor de la gente. Cantos, rezos, plegarias, olor a incienso, luces y sombras. Soledad, silencio, misticismo, esperanza.

En esta ciudad y, principalmente, en los barrios más antiguos como el de San Matías Jalatlaco, Santo Tomás Xochimilco, el Marquesado, los Siete Príncipes, la Trinidad de las Huertas, la Soledad, etc. podremos participar en el Domingo de Ramos, para recibir una palma bendita y llevarla a casa. Recuerdo que anteriormente los feligreses y no dudo que actualmente lo hagan algunos, las conservaban en la parte posterior de la puerta de entrada y cuando llovía torrencialmente les prendía fuego y rezaban la magnífica pidiendo a Dios su protección para no sufrir daño alguno.

Habrá, estoy seguro, la ceremonia del lavatorio el Jueves Santo y se adornarán los altares con lienzos cayendo desde lo alto, con velas, floreros pletóricos de flores, veladoras, ante la presencia del Santísimo Sacramento. El Viernes Santo, el encuentro de Jesús camino del Calvario con su madre María, su crucifixión y descendimiento e iremos a la Soledad a dar el pésame a la Virgen, o a la ceremonia de las tinieblas y de la luz en la Catedral El domingo de pascua la Resurrección y la Asunción de Jesús al cielo, el momento glorioso en la vida de Jesús.

Cuando han pasado los años y uno ha tenido la oportunidad de ver tantas cosas sin querer se hacen comparaciones y no crean que pienso que lo de ahora es malo y lo que viví hace cuarenta o cincuenta es mejor, no, eso no, yo siempre el actuar del hombre lo atribuyo a las circunstancias, pero no es malo recordar, lo malo sería que los recuerdos sirvieran para lastimarse.

El padre Donaciano Guzmán, capellán de la Defensa en esos tiempos, nos reunía a los niños, jóvenes y adultos, para que lo ayudásemos en la organización de distintos eventos en la Cuaresma y principalmente los de la Semana Santa o Semana Mayor. Uno o dos días antes de iniciar esos cuarenta días ordenaba cubrir con mantos morados los altares y las imágenes. No se tocaban las campanas a las horas acostumbradas pero se sustituían por el sonido de las matracas. No se comía carne roja. Las mujeres vestían de negro y los hombres llevaban en la manga de la camisa un moño o listón negro en señal de luto. En las estaciones de radio no se escuchaba música estridente pero sí clásica de corte religioso. Se suspendían las bodas, bautizos, primeras comuniones o quince años. No se ingería alcohol Nuestros padres no nos corregían por nuestras faltas, se reservaban hasta el Sábado de Gloria, y a las doce de ese día con el cinturón o una vara las pagábamos, para en seguida quemar los “judas” olvidándonos del dolor por los golpes recibidos.

Nos relataba el encuentro de Jesús con aquella mujer de Samaria a quien le pidió agua para saciar su sed, llamada por ello Samaritana. Este, decía, fue un acto de caridad, pues aun no teniendo relaciones Samarios con los Galileos y menos con las mujeres, le dio el vital líquido a Jesús, pero no fue algo tan simple, sino el simbolismo que esto encierra es grandioso, es la posibilidad que tienen los seres humanos independientemente de su sexo, edad, condición social, origen, de convivir, fraternizar, lograr juntos, sin distinciones, todos sus propósitos.

De los apóstoles afirmaba que cada uno de ellos representaba la condición humana, unos eran gente sencilla, humilde, pescadores, labradores, otros, gente pudiente o por lo menos con un empleo, también algunos ricos pues entre ellos también existen los que se desprenden de todo para auxiliar a los demás. Judas, representa a todos aquellos que aun recibiendo grandes beneficios no son capaces de guardar lealtad a sus benefactores y de las mujeres bondadosas y amorosas de ellas es el reino de los cielos, aunque las licenciosas como Magdalena pueden corregirse y con la fe cambiar sus acciones, todos, decía, pueden ser merecedores del perdón divino si así lo desean.

De Jesús afirmaba, que cuando pidió a sus apóstoles lavarles sus pies fue un acto de extrema humildad, de sencillo sometimiento a los demás, pues aun teniéndolo todo, es posible descender de las alturas y favorecer al pueblo y al hablar de la muerte comentaba que es el umbral a la inmortalidad de aquellos que supieron hacer de la vida caridad eterna. Se puede recibir el peor de los castigos por una causa, por un sentimiento que rebasa los límites de lo permisible o lo imaginable para reafirmarse en el corazón de la gente por la valía de las acciones y los principios y con la resurrección el logro de la paz por los tiempos de los tiempos, porque Jesús es vida después de la muerte.

Al pie de la Cruz estaba María Madre, María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé, derramando lágrimas, y en los últimos instantes Jesús, ve a su madre y le dice: “Mujer, he ahí a tu hijo” refiriéndose a Juan y a éste le dice “He ahí a tu madre”. María daba a luz en medio de las lágrimas al encargarle Jesús comunicar vida a los seres del mundo y María sintió que el corazón se le dilataba y llenaba de amor para los hijos del hombre.

Hay, al leer las Sagradas Escrituras, y la Vida de Jesús, una oportunidad para los creyentes, de penetrar al mundo interior para comprender lo aparentemente incomprensible, y así, plenos de confianza, reemprender el camino, ese, creo, es el sentido. Esa es la sustancia. Ahora, veamos alrededor y saquemos conclusiones.

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