Altar de Dolores PDF Imprimir E-mail
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Escrito por José Luis PÉREZ CRUZ   
Viernes, 06 de Abril de 2012 17:11
Un altar que se ofrece a la Virgen de los Dolores se levanta con la fuerza de una creencia, entre la honestidad de convicciones y legados de fe

Sus ojos tristes y cristalinos se funden con un gesto lleno de dolor, sus manos entrelazadas parecen apuntar una guarida para su corazón desquebrajado. Un manto de terciopelo negro cubre su pena y la de quienes comparten su sentir. Al llegar el Sexto Viernes de Cuaresma, los creyentes católicos llenan el ambiente con fragancias de romero, azucenas blancas y coronan este momento con aureolas de ‘cucharilla’.

Escoltada por macetas que han germinado con granos de maíz, chía y lenteja, la imagen católica de la Virgen María en su advocación de Dolorosa es venerada en casi todos los altares de templos oaxaqueños, donde su rostro de tribulación –ante la muerte de su hijo Jesús- es iluminado por cirios y veladoras.

‘La fe mueve montañas’, dice el dicho, pero en Oaxaca la fe mueve su espiritualidad; modos de profesar la fe que sucumben ante el entorno de una tierra como la nuestra, donde las creencias, la comida y la fiesta se hermanan para conquistar el alma.

El Viernes de Dolores es un día clave en la Cuaresma, pero sobretodo, en los devotos de la imagen católica, que sin dudarlo arropan a María en un luto riguroso, entre túnicas y mantos confeccionados en finas telas que resaltan por sus adornos, orillas de hilos de oro y plata para evidenciar la fe.

En la ciudad de Oaxaca la celebración toma matices propios, tan diversos como las tonalidades que dan color a cada sufrimiento y a cada daga que atraviesa el corazón de la Virgen de los Dolores. No sólo en los templos se levantan altares, sino en las casas de la gente antigua de Oaxaca, quienes por devoción mantienen vigente esta costumbre, que en décadas pasadas tuvo un fuerte arraigo.

La usanza de colocar un altar en honor a la Virgen de los Dolores, se remonta hacia 1519. Acto de fe que se baña de tradición, porque al concluir el rito de veneración, la convivencia y la generosidad llega a través de un vaso de agua fresca, siendo la chilacayota las más socorrida.

El altar se coloca una semana previa al Viernes Santo, en aras de consolar a la Virgen por la muerte de su hijo y por los dolores que padeció desde su nacimiento. Se dice que en nuestro país, el ingenio consolida un tributo en forma de altar, con ofrendas que buscan atenuar la pena de la Virgen María.

En los últimos años, el altar en honor a la Dolorosa o Virgen de los Dolores está siendo pervertido –sin que la Iglesia Católica haga algo al respecto- ya que diferentes espacios “culturales” y organismos turísticos lo emplean como un espectáculo para los visitantes, y no como un acto de fe, remitiéndose a la imagen devocional en un elemento folclórico.

Un altar se erige con la fuerza de una creencia, entre la honestidad de convicciones, se apuntala con herencias de fe, con dogmas que se apoyan en la tradición. Es un acto que se fecunda por el arraigo, y eso, eso no se compra en ninguna tienda departamental, ni en un trienio o en una pose kitsch.



Imprescindible es en todo templo la veneración de la Virgen de los Dolores, quien se distingue por llevar siete espadas en el corazón, además de los signos de la pasión: corona de espinas, clavos, martillo, escalera, una bolsa con 30 monedas y los dados con los que algunos de los soldados se jugaron la túnica de Cristo.

Durante la plaza del Viernes de Dolores, en los mercados de Oaxaca se expende lo necesario para el altar, hierbas perfumadas, figuras en forma de ángeles y animales que alojan la chía recién sembrada. Según la simbología cristiana, estos germinados representan a la Eucaristía –instituida por Jesús en la última cena- y el nacimiento de la fe al pie del Calvario.

"¿Ya lloró la Virgen?" preguntaba la gente ‘de antes’ al llegar tarde al rezo en honor a la Dolorosa, forma sutil de pedir que se les ofreciera un vaso con agua fresca. Hoy, el tiempo nos marca la hora de revalorar este ritual, para no llorar después.

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